Posted on 15 May 2020

El escritor Tomás Henríquez analizó en “El Desconcierto” libro “Valparaíso en Escena. Antología de dramaturgia porteña 1870-2015”, publicación de Verónica Sentis Herrmann, académica de la Facultad de Arte de la Universidad de Playa Ancha.

Verónica Sentis Herrmann (Nelson Campos)

Hace ya un tiempo que Verónica Sentis, profesora de la Universidad de Playa Ancha, estudia la educación teatral porteña, sus autores y motivos. Fue así que se metió en los archivos, hizo entrevistas, recabó partituras y editó Valparaíso en Escena. Antología de dramaturgia porteña 1870-2015 (Ril Editores, 2019). Un volumen que reúne once piezas, algunas escritas por autores locales, otras por foráneos, todas sin embargo cumplen con la premisa de emplazarse en la ciudad y referir problemas que la atañen. Su condición de puerto principal, su anárquica trama urbana desparramada por entre los cerros, poseedora de tanta belleza como de contradicción, ha sido escenografía no solo de incendios, bombardeos y terremotos, sino de un sinnúmero de personajes que le dan vida: obreros, turistas, buscavidas, inmigrantes y prostitutas.

Lejos de la postal turística, estas voces se resisten a una imagen romantizada y pintoresca del puerto, destacándose por su potencial crítico. Tan lejos de Dios y tan cerca de Santiago, dice una de las obras, sugiriendo cómo no, la paradoja de ser un importante centro de producción económica, pero también un territorio marginal que acumula por entre los cerros una pobreza que contrasta con la prestancia patrimonial del plan. Tierra de fantasmas, de fiesta que se entrecruza con el caos y el desastre, de nostalgia y de un tiempo que parece detenido ante una eternidad de promesas políticas incumplidas. De esta forma, el volumen incluye piezas hasta ahora inéditas, otras muy difícil de encontrar, todas sin embargo cronológicamente dispuestas, en las que el habla configura un modo específico de entender una larguísima tradición de saber popular expresado mediante la oralidad. Así, se alternan textos que bien podrían considerarse fundacionales como Choche y Bachicha (1870) de Román Vial; con obras de autores reconocidos como Buenaventura I. El año perdido (1961) de Luis Alberto Heiremans; y otras más recientes, de escritores ya contemporáneos como I Love Valpo (2010) de Danilo Llanos, o Historias de Callejón (2015) de Isis Maldonado.

Publicación de la académica de Teatro de la Facultad de Arte de la Universidad de Playa Ancha

Entre las obras también destacan La calle del dolor y del pecado (1935) de Carlos Barella, drama sobre un amor imposible entre jóvenes de distintas clases sociales, que tras un inesperado giro deviene en traición; La señora Cueto (1961) de Eloísa Peña y René Aguayo, crónica de barrio en clave musical, llevada a escena por un importante pero casi olvidado grupo, El Teatro de Profesores (TEPRO); y Sucedió en la caleta (1979), creación colectiva de la compañía el Farol, que narra el drama que vive una caleta de pescadores. En esta última obra, con humor e ingenio, son las mujeres quienes sacan la cara cuando, en plena festividad del patrono San Pedro, la gran industria amenaza con hacer desaparecer la pesca artesanal.

Valparaíso en Escena. Antología de dramaturgia porteña 1870-2015 es un importante trabajo de recuperación que sin duda es un aporte no solo para investigadores o estudiosos, sino para cualquiera que desee conocer buena parte de la historia del puerto. Antología digna de replicar en otros lugares del país pues ofrece una tremenda oportunidad para repensar categorías, cánones, estilos y establecer nuevas cartografías de centros de producción creativa. Si bien resulta difícil cuestionar que la gran historia del teatro chileno se reduce a cierto limitado repertorio de piezas dramáticas santiaguinas, no es menos cierto que el circuito de producción de obras en Valparaíso, con su precariedad e intermitencia, ya se lo querría cualquiera de las capitales regionales o provinciales del país.

Con todo, el principal valor de esta compilación de obras, no está en lo estrictamente literario sino en saber recordarnos —quizás entrelíneas— que allí donde hubo teatro, hubo también un enorme mapa de prácticas, flujos, imaginarios y economías domésticas que coexistieron en paralelo al fenómeno escénico, pero de los que, dado su condición de evanescencia, no queda registro. Por eso el teatro es un fenómeno social irreemplazable. Pues convoca a una comunidad que, mientras ríe y llora, se mira al espejo. Terminado ese ritual se apagan las luces, pero el texto dramático permanece y resiste el paso del tiempo, como vestigio acaso insuficiente pero indudablemente significativo de ese acontecimiento mágico que ocurre cada vez que parte la función.

Fuente: El Desconcierto, sección Tipos Móviles / Libros
Publicado el 11 de mayo de 2020