Posted on 16 Sep 2013

Carlos Núñez Salinas, profesor de folclore e integrante del grupo porteño Pujillay subraya que la tecnología y el poco tiempo que los padres dan a los hijos, son los principales responsables de la pérdida de nuestras costumbres.

Cuando nos aprestamos a celebrar un nuevo 18 de Septiembre, comer unas ricas empanadas, unos cuantos choripanes y disfrutar uno o varios asados familiares, el académico de folclore de la cátedra de Educación Musical de la Facultad de Arte de la Universidad de Playa Ancha e integrante del grupo humorístico Pujillay Carlos Núñez Salinas, analiza la realidad de las tradiciones y costumbres que se han mantenido y perdido en estos más de 200 años de vida republicana.

En su análisis, el académico UPLA separa lo rural y lo urbano. Destaca las manifestaciones culturales de los campos chilenos que se mantienen a pesar de la globalización y ve con preocupación las costumbres urbanas que han sido reemplazadas por los juegos tecnológicos y por el poco tiempo que los padres dedican a los hijos, lo que impide traspasar las tradiciones aprendidas de nuestros antepasados.

“Hay celebraciones hermosas y celebraciones emotivas. Recuerdo que las mejores celebraciones las he pasado en familia: perdí a mi padre a los 15 años y a mi madre a los 20, de ellos saqué lo “chicharra” y, quizás, eso me hace ser un poco distinto. Las fiestas cuando se disfrutan en familia y con los niños son más bonitas y más baratas. Creo que ese es mi consejo para los porteños y para todos los chilenos”.

Carlos Núñez Salinas, académico de folclore de la Facultad de Arte

Carlos Núñez Salinas, académico de folclore de la Facultad de Arte

LO URBANO Y LO RURAL

-¿Cómo se celebra la Fiesta Patrias en nuestro país?

“Debemos tener en claro dos cosas: en el ámbito rural se celebra de forma distinta a lo que es la urbana. En el plano rural se siguen manteniendo tradiciones muy antiguas como las carreras a la chilena, el palo encebado, el chancho encebado, agarrar el pato o el pavo, la papaya, el lanzamiento del lazo. En la ciudad se mantiene el juego del volantín, el trompo.

Las tradiciones son un tipo de cultura y la cultura es dinámica. Hay cosas que han ido cambiando, pero la esencia no se pierde. Una de las características del folclore es la funcionalidad, en esta época surge el sentido festivo y lúdico, y mientras haya niños no se va a perder. Es una manera de ser de un tipo de personas que tienen costumbres, manera de ser distintas, cantos y variantes de bailes”.

-¿Qué juegos se han perdido?

“En cierta medida el luche, la capacha, las rondas infantiles, el corre el anillo y gradualmente el trompo también ha ido desapareciendo. El caza mosca ya no se practica (grupo de niños de la mano que deben evitar que otros lo crucen). Por eso uno ve que hay niños cada vez más lerdos y que le es más cómodo jugar en el computador, con el playstation, lo que no permite desarrollar el equilibrio y la destreza con las manos. Esa es la diferencia entre los pequeños del campo y la ciudad, ya que al estar más separado del mundanal ruido se conservan más”.

"Existe una lucha constante entre la globalización y lo tradicional y por eso  las costumbres y tradiciones se han perdido”.

“Existe una lucha constante entre la globalización y lo tradicional y por eso las costumbres y tradiciones se han perdido”.

-¿Por qué se han ido perdiendo estos juegos?

“Principalmente porque la cultura chilena es muy dada a mirar hacia el exterior. Como cultura hemos dejado muchas cosas de lado y porque se ha estereotipado el folclore y se ha acuñado un mal concepto de él. Normalmente se habla de folclore cuando una persona es muy grosera o hay una casa que se está cayendo. En esos casos decimos “¡que folclórico para hablar” o “que folclórica la casa!. Es decir, todo lo malo y pintoresco es folclórico y eso se va heredando. Existe una lucha constante entre la globalización y lo tradicional y por eso las costumbres y tradiciones se han perdido”.

-Esta realidad que describe ¿se podría generalizar?

“No, porque, por ejemplo, es muy valorable el rol de los clubes de cueca, ya que ellos no solo enseñan a bailar, sino que también fomentan nuestra cultura nacional. Pero ¿qué pasa con los otros jóvenes y niños que no forman parte de estos clubes?, esa la pregunta. Nuestra sociedad tiene mucho de culpa, porque ha privilegiado lo extranjero y desconocen el real significado de folclore que, en estricto rigor, es el saber tradicional de un pueblo (folk: pueblo, lore: saber)”.

-¿Los chilenos nos acercamos al folclore solo en esta fecha?

“Aquí quiero hacer una aclaración y decir que las comunidades folclóricas están todo el año realizando actividades, porque es su forma de ser. Somos nosotros, los de la ciudad que nos preocupamos y nos aflora el patriotismo solo en estas fechas. Ahora debemos agradecer que haya profesionales de la educación que están todo el año inculcando las manifestaciones folclóricas. Es verdad que nos colocamos chilenos y nos nace la chilenidad en la semana del “18”. Pero muchas comunidades en el campo siguen manteniendo estas tradiciones. Acá nosotros comemos empanadas preferentemente en septiembre, pero las comunidades rurales lo hacen siempre y están siempre celebrando. Incluso, lo hacen cuando se celebra alguna festividad religiosa, las cosechas y las vendimias. Nosotros miramos en menos otras culturas, pero tenemos menos apego a nuestras costumbres que esos países. Nos creemos los ingleses de América, pero como identidad chilena no estamos claros”.

-A su juicio ¿qué es lo típicamente chileno?

“Todas las cosas son chilenas, porque han pasado el proceso de folclorización. Cosas que llegaron de fuera ya no son lo mismo, como por ejemplo, la cumbia que se baila en las ramadas, ya no es la misma que se baila en Colombia. Eso refleja que este baile adquirió una identidad propia del chileno. Si colocas una pareja chilena y otra colombiana te das cuenta de inmediato cual es la pareja de Chile, porque hay una identificación, lo mismo pasa con las empanadas”.

Según el académico "no se puede enseñar la cueca a un niño que esté en prekinder o cuarto básico, porque todavía no entiende que es un baile de a dos"

Según el académico “no se puede enseñar la cueca a un niño que esté en prekinder o cuarto básico, porque todavía no entiende que es un baile de a dos”

QUÉ NOS CARACTERIZA

-¿Cómo definiría al chileno de Fiestas Patrias?

“Más que al chileno de estas fechas, creo que el chileno en sí es pícaro y se manifiesta en la manera de hablar. Por ejemplo, en las adivinanzas: “Lo meto seco y lo saco mojado”, el tallarín; “que gusto le da a la novia cuando el novio se lo mete”, el anillo. Te das cuenta que la maldad está en ti y ahí se demuestra la picardía. Hay otros más suaves como norte claro sur oscuro, agüacero seguro. Cada persona tiene la talla y la picardía a flor de piel y se da en ambos géneros. El chileno es una persona alegre, pícara, le gusta la talla. Ahhh también está el “más que”… tiene más guata que cordel de ropa o estay más “doblao” que carta de amante. Eso es innato en los chilenos y en las chilenas”.

-En cuanto a la cueca, da la impresión que las mujeres son quienes más la bailan…

“Eso pasa porque el hombre es más tímido que la mujer. Al hombre le da vergüenza bailar cueca. Es una tranca cultural y pasa porque la cueca es una danza en pareja, de la familia de las amatorias. No se puede enseñar la cueca a un niño que esté en prekinder o cuarto básico, porque todavía no entiende que es un baile de a dos. Una vez que el niño sepa esa diferencia, recién se puede introducir al baile nacional. Ahí está la tranca de los hombres, porque al no saber, no bailan y, más encima, los educadores los amenazan con ponerle malas notas si no bailan. Esto tiene que fluir y se debe disfrutar la danza, no debes obligar a bailar”.

-Algún consejo para celebrar este “18”

“Primero que todo, que disfruten y miren hacia atrás y celebren en familia. Que se acuerden cuando eran niños y cómo nuestros padres no motivaban a hacer volantines, a jugar al trompo. En el fondo, es darse un tiempo para practicar con nuestros hijos lo que practicábamos cuando niños. Hoy, los padres no se dan el tiempo para estar con los hijos y ese el gran pecado que cometemos y, cuando queremos recuperar lo perdido, ya pasó “la vieja”. Creo que eso es fundamental y pasa con los juegos, tradiciones y también en la vida. Si no recuperamos esas prácticas, nuestros hijos tampoco podrán transmitir nuestras costumbres, tradiciones y juegos a sus hijos”.